Historias del desencuentro (o paginas sueltas de un libro de amor).


Ignacio Guadarrama

No estoy seguro cuando fue la última vez que vi a Marina. Simplemente recuerdo que un día las llamadas y los mensajes dejaron de ser parte recurrentes entre los dos. Ella dejo de buscarme, yo me conforme olvidándome de buscarla, nos abandonamos mutuamente desapareciendo uno de la vida del otro hasta que llegar olvidarnos.

En ocasiones suelo buscarla un poco entre las mujeres que encuentro diariamente en mi camino. Esto con la finalidad de no deshacerme por completo de su recuerdo. Y es entonces; cuando la encuentro en una ondulada, larga y castaña cabellera. En una profunda, expresiva y oscura mirada. En un esbelto y frágil cuerpo casi embarrado. En unos delgados labios rosas que dibujan una tímida sonrisa, en unos pechos pequeños, suaves, tersos y firmes o en una piel blanca casi traslucida decorada por varios lunares esparcidos a lo largo de todo el cuerpo.

Y así comienza este repetitivo juego de buscar encontrar y deshacer. Buscándola a través de diversos cuerpos, diversos lugares y distintos nombres. Intentando llenar este espacio ausente donde la busco insaciablemente y sin embargo cuando parezco encontrarla ella deja de ser y comienzo de nuevo.
Voy perdiéndome una y otra vez entre este laberinto de espejos, repitiendo su imagen en mi cabeza para después borrarla. Termino confundido, buscándola negándome al hecho de poder encontrarla. Sin embargo, sigo confiando en que en algún momento, el día menos pensado la casualidad inicial volverá a ponerme nuevamente frente a su rostro.
Tal vez debí buscarla y llamarla cuando aún era el tiempo propicio, evitar que se alejara y decirle que la amaba. Pero mi orgullo y temor me impidieron doblegarme, expresar lo que sentía. No lo hice cuando pude y ahora debo aceptar las dolorosas consecuencias de mis actos. Recordándola en la distancia, viendo como las luces de la carretera iluminan la distancia infinita entre los dos, que esta vez no atravesaré heroicamente para poder ir a alcanzarla.Dicen que cuando a alguien le amputan una parte de su cuerpo, esa persona puede sentir esa parte aún mucho tiempo después de haberla perdido. Que tan profundo te se habrás incrustado en el pecho y en la mente, que han trascurrido los meses y aun puedo sentirte cerca de mí. Que tus recuerdos son carne y sangre viva, que me hacen compañía en esta nocturna soledad. Donde en ocasiones las paso en vela preguntándome, donde estarás y si me  llegas a extrañar al igual que yo.
Gerardo Santaolalla
Agosto 2012
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