Historias del desencuentro (o paginas sueltas de un libro de amor)


MARINA
¿Cuanto dura una conversación?
El estar con Ignacio era formar parte de una conversación infinita que nació justo desde el instante en que nos conocimos y que tenia que ser pausadacada vez que teníamos nos despedíamos. Esperando ser reanudada cuando llegara el momento de encontrarnos, para volver a ser interrumpida nuevamente una y otra vez ,en un juego que palabras que parecía no tener fin.Juntos entretejíamos un tapete de los mas variados temas, colocando en el telar múltiples letras y signos de los más diversos colores hilando nuevos cantones cada vez, formando un dialogo demasiado extenso y cargado de sentimientos, que hoy ha quedado en el recuerdo.

Las charlas a su lado iban y venían como los trenes en la estación. Nosotros los abordábamos dejándonos llevar, jugando entre vagones; dejándonos perder sin rumbo hasta llegar a confines insospechados permitiéndonos descubrir nuevos mundos cada vez. Llegamos hasta aquellos lugares que solo conocen las almas libres cuando deciden compartir su existencia al lado de otra persona…

Las palabras que brotaban de nuestros labios brotaban como las flores al llegar la primavera. Creciendo y floreciendo entre las baldosas y por encima del asfalto. Nosotros caminábamos por ellas, convirtiendo los rutinarios senderos citadinos en pasajes coloridos y aromáticos, llenos de magia, de un aire romántico y misterioso. Transformando el agua de la lluvia en flores de bugambilia que caían sobre nosotros, convirtiendo cada día normal en un cuadro de múltiples matices digna de cualquier cinta cinematográfica de Kurasawa.

A veces las charlas estaban acompañadas de: pulque, café, vino tinto, creme broule o cualquier otro antojo que se nos ocurriera en ese instante… Y otras veces, cuando las palabras y letras nos eran insuficientes. Las platicas se llenaban de ese lenguaje secreto que solo hablan dos almas cómplices cuando han llegado a conocerse. Un lenguaje formado de miradas, gestos, besos, caricias y  también de ese algo que es imposible poder describir por medio de las palabras; por que aún no se han escrito las palabras exactas para poder explicarlo.

Como medio de comunicación también  teníamos a nuestra desnudez. Entregándose en su forma más pura y transparente. Haciendo converger a nuestros cuerpos en un espacio donde no existía el tiempo, donde el deseo de uno por el otro luchaba por adentrarse en el cuerpo contrario hasta conseguir que las almas se tocaran,  jugaran  entre si  fundiéndose en uno solo. Mientras afuera nuestros cuerpos se estrechaban, chocando entre si… las respiraciones se agitaban, nuestras bocas se juntaban permitiendo a los labios poder besarse, los ojos se dilataban y se escuchaba un leve gemir acompañado de aquellas palabras que solo saben decir los amantes cuando el mundo no los observa. Esas palabras y jadeos que rompían el silencio de la habitación a media luz en plena noche. El reloj continuaba avanzando, la temperatura de la habitación aumentaba, el ritmo se aceleraba mientras el salir y entrar de los cuerpos era mas y mas rápido cada vez; los jadeos se incrementaban, las miradas se expandían a tal nivel que no podíamos permanecer con los ojos abiertos y teníamos  cerrarlos, nuestros labios se besaban apasionadamente sin poder despegarse. Y entonces todo ocurría más y más rápido,  una y otra vez… Los cuerpos luchaban desenfrenadamente hasta que llegaban  al clímax. Las almas lograban fusionarse en una sola esencia, por un brevísimo instante, tan breve como lo es una pequeña muerte. Para que segundos después las almas volvieran a separarse en dos, para regresar a sus respectivos cuerpos después de haberse complementado en un instante.

Y ahora toda esa historia forma parte de un pasado que se pierde a cada paso mientras camino por la calle, mientras piso el pavimento húmedo, debajo de esta nube gris que cubre la ciudad un viernes más del mes de Julio a las 7:24 de la tarde. Las conversaciones se han esfumado, Ignacio también… Y los diálogos se han convertido en un solitario, aburrido y escueto monologo disfrazado de silogismo. Que atormenta a mi cabeza mientras continua a la espera y se incrementa esta ausencia….

Los viajes en tren se han terminado, las flores en medio de la calle se han marchitado. Y al parecer el tempestuoso verano amenaza con ser demasiado largo, destruyendo todo lo que sea que encuentre a su paso.

A veces, una sola conversación no es suficiente…

GERARDO SANTAOLALLA
Julio 2012

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